Digamos que ella es tan bella que no deja que nadie más para mí lo sea. Y que me he metido tanto en la cabeza que no hay peor ciego que el que no la quiera ver, y por eso ahora soy un necio estando tras ella.
Me estoy desconociendo y no lo entiendo, lo acepto pero no lo entiendo. Por algún lado habrá que empezar a cambiar, pero estoy tan perdido que no sé que parte de mí elegir para que madure a la misma velocidad que las otras partes.
Tengo muchas actitudes, y mis reacciones son diferentes en cada una, soy una multitud. No soy un árbol, soy un bosque. Y los árboles caídos son los que más predominan.